Pi, pi, pi, pi, sonaba el despertador, eran las seis de la mañana de un lunes cualquiera, María José estaba a mi lado y ni ella ni yo nos teníamos porque levantar de la cama, aquellas carreras para hacer el desayuno, hervir la leche, hacer café, comer unas tostadas con algo de mantequilla. El bus pasa a las siete menos veinte, ver subir a la misma gente todos los días en las mismas paradas, me acuerdo de una rubia espectacular que subía en el Ponto, un poco más adelante el que se ponía hablar con el conductor.
Nada de esto era posible, nos prohibieron trabajar o mejor dicho, nos prohibieron ir al trabajo, corría el año 2020 y en el mundo no se hablaba de otra cosa, la pandemia el coronavirus, el covid 19.
A cambio de no levantarme tenía que teletrabajar osea encender el ordenador hacer las altas y bajas, los partes de accidente, controlar a los agentes, todo desde mi ordenador personal. Mis hijos Alejandro, Luis y Juana no iban al colegio, tenían tele tareas, tele juegos y tele bromas, las víctimas su madre y yo. María José intentaba que hubiera cierta normalidad, comer a las horas, quitarse el pijama, ver la tele y jugar a ciertas horas, algo realmente muy difícil y agotador.
Todos los días procurábamos salir a aplaudir a las ocho, no se sabía exactamente porque y para que, pero era una rutina más.
Después la cena, ver un poco la tele y los peques a la cama.
María y yo nos dejábamos estar y a eso de las doce o una de la madrugada nos metíamos en cama.
Bueno pues este lunes no nos venía el sueño, habíamos discutido por no sé qué chorrada y la ansiedad se apoderaba de nosotros. Entonces se me ocurrió hacer un juego, un juego de adivinanzas.
Oye María ¿Qué es esa cosa que te metes en la boca cada noche?
¿A qué te refieres?
Esa cosa dura y blanca que vibra en tu boca.
No seas cerdo tío.
No, mira puede ser de distintos colores, tamaños y grosores, pero tú siempre te metes el mismo.
¿De qué vas? Contestó María.
A ti te gusta untarlo con una crema de color verde que sabe a menta.
¿No te das cuenta de lo que es?
Pues no.
El cepillo de dientes, tonta.

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