Corrían esos extraños tiempos en los que el estupor y la incertidumbre eran nuestros compañeros , nuestras mañanas discurrian en recuentos de muertos y ocupación hospitalarias.
Ese asesino sin remordimiento se había instalado en nuestras vidas, un vecino que para colmo era conocido por distintos nombres, covid , coronavirus, sars.
Bueno, pues en esos tristes tiempos, un día de primavera después de meter la ropa en la secadora me asomé a la ventana para mirar el limonero. el sol templaba nuestras almas y su luz espantaba nuestros temores, entonces lo vi por primera vez, un pequeño gato, un felino joven recostado en el muro, que miraba atentamente para la ventana.
Al verlo mi imaginación me llevó a ese lugar donde habita lo sobrenatural. el misterio, viendolo tan quieto lo relacioné con esas deidades protectoras , esos dioses lares que protegen el hogar.
Recientemente había fallecido Generosa, mi madre, y necesitaba que algo bueno pasara en mi vida.
Pasó la semana, un sábado por la mañana, Olga cargada de ropa se dirigió a la lavandería, al abrir la puerta, se llevó un susto de muerte, el gato saltó por la ventana al oir su grito de sorpresa.
Desde ese instante pasó a formar parte de mi pequeña familia, siguiendo el consejo de Olga, me puse a darle de comer y naturalmente le pusimos un nombre ¿Cómo lo llamamos? Me dijo Olga , y como contestandose a si misma dijo, pues como el perro de Heidi "Niebla".

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