James Joyce (Irlanda, 1882-1941) está considerado uno de los representantes más destacados del llamado modernismo anglosajón. En «Dublineses»,escrita a la edad de 32 años, Joyce realiza un importante ejercicio de observación de la gente de su ciudad. Él, que pasó la mayor parte de su vida adulta fuera de Irlanda, se toma muy en serio su deseo de recrear la vida y costumbres de la capital.
El autor irlandés ambienta su historia en los meses previos a la independencia de la católica Irlanda respecto al protestante Reino Unido. Joyce, que decía sentirse «asfixiado por el catolicismo», aseguró que su intención era «escribir un capítulo de la historia moral de mi país, y escogí Dublín para escenificarla porque esa ciudad me parecía el centro de la parálisis». James Joyce alude en más de una ocasión a ese concepto de la parálisis. Se refería a una especie de bloqueo cultural, mental y social que, según él, aquejaba a su ciudad por el «sometimiento» al Imperio Británico y la Iglesia Católica.
Un mensaje «oculto» en «Las hermanas»
Un profesor de Historia y Literatura de la Universidad de Harvard aseguró que el célebre autor irlandés perdió la vista por culpa de la sífilis. El docente, de nombre Kevin Birmingham, se basó en algunos fragmentos de sus obras que, según su criterio, reflejan fases de esta enfermedad. Birmingham puso como ejemplo un párrafo del relato «Las hermanas», el primero de los quince de «Dublineses»:
¡Pero el pobre James, que Dios lo tenga en su Gloria, se puso tan nervioso!
–¿Y qué fue eso? –dijo mi tía–. Yo oí algo de...
Eliza asintió.
–Eso lo afectó, mentalmente –dijo–. Después de aquello empezó a descontrolarse, hablando solo y vagando por ahí como un alma en pena (…) ¿Y qué le parece, que estaba allí, sentado solo en la oscuridad del confesionario, bien despierto y así como riéndose bajito él solo?

