«En realidad —escribió Dolly Onetti para el «Preámbulo» de las obras completas—, no debería decir que Juan permanecía acostado, sino recostado, puesto que para leer y escribir mantenía un increíble equilibrio sobre su codo derecho, maltrecho al cabo de tantos años de emplear esa postura».
«Escribía a mano, y lento; le daba tiempo a pensar y eso le evitaba corregir», recuerda Dolly a los veinte años de su muerte. «Él escribía y chau». Nunca más regresaba sobre lo escrito. Qué pensaba Onetti cuando volvía a leer a Onetti, le preguntó en una ocasión una periodista. «Jamás leí a Onetti», respondió el escritor uruguayo. Si le preguntabas cómo era eso posible, te recordaba que «el perro nunca vuelve a su vómito». Su actitud contradecía el veredicto de Ernest Hemingway, para quien «la primera versión de cualquier cosa es una mierda».
No me apetece hablar sobre "El Astillero" de Onetti, a pesar de que la leí, ya que fueron las jornadas literarias aquí en Neda, y no me apetece, porque me pareció desagradable, e inhumana.
Pero si en cambio, me apetece hablar sobre Padura, un escritor del que probablemente nunca se hagan unas jornadas literarias aquí en mi pueblo, yo creo que es por desconocimiento porque su obra si merece la pena y, el reconocimiento de los grandes literatos.
"Herejes", o la perfecta mezcla de novela histórica, policiaca y, de actualidad cubana, sobre su revolución y su historia mas reciente.
Esta novela se divide en tres partes "Libro de Daniel" "Libro de Elias" "Libro de Judith" Génesis.
Arranca la novela con el "Libro de Daniel" donde narra. En 1939, el SS. Saint Louis, en el que viajaban novecientos judíos, que habían logrado huir de Alemania, pasó días fondeado en el puerto de la Habana en espera de que se autorizara el desembarco. El niño Daniel Kaminsky y su tio Joseph Kaminsky, aguaradaron en el muelle, confiados en que sus familiares utilizarían el tesoro que llevaban escondido ante los funcionarios, que no era otra cosa que el retrato de un judío, con mucho parecido a Jesús, hecho por Rembrandt. El plan fracasó y el barco se llevó toda esperanza de reencuentro.
Años después, cuando el cuadro salió a subasta, el hijo de Daniel, se fue a La Habana a aclarar lo sucedido.
En el "El Libro de Elias", Padura nos acerca al taller de Rembrant, donde podemos observar con minuciosidad, el arte del pintor, su vida y su obra, hasta que punto se implicaba en darle un caracter humano a su obra, en darle alma a sus oleos.
La tercera parte o "El Libro de Judiht", narra la desaparición de una niña, Judy, En esta parte Padura hace una descripción de La Habana de hoy en día, de sus tribus urbanas, descripción que nos lleva a la desmoralización de su juventud y, el cansancio de sus mayores.
Tres historias distintas, todas ellas de herejía, cargadas de humanidad, sentimientos, calor y amistad, frijoles y ron haitiano y sobre todo de libertad.
Recordaros que Leonardo Padura en 2012 recibió el Premio Nacional de Literatura de Cuba y en 2015 le han otorgado el Premio Princesa de Astúrias de la Letras.
Y como colofón deciros que nunca será homenajeado en mi pueblo, como tampoco lo será Federíco García Lorca, ni David Grossman, ni Paul Auster, ni de ningún otro que sus novelas sean un poco digeribles.

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