“ Que larga es la
vida…” T.S. Elliot.
Así comienza
esta fantástica obra teatral, donde a
raiz del suicidio de patriarca, Beverly Weston, un profesor retirado, que hizo
sus pinitos como poeta, y en la actualidad vivía con su esposa, Violet Weston
una mujer enferma de cáncer y adicta a las pastillas, en una casa con más de
cien años, donde tienen las ventanas, tapadas con plásticos y cinta negra.
Se reunen en la casa de Pawhuska
sus tres hijas, Barbara, Ivy, karen, la hermana de Violet Weston, Mattie Fae,
los esposos de Mattie y Barbara, Charlie y Bill, Jean, la nieta de Beverly y Violet e hija de Bill
y Barbara, y Pichu el hijo de Mattie y Charlie.
Llena de símbolos,
como puede ser el desorden, y las ventanas, no con las persianas bajas, sino
tapadas con plástico, que es un sintoma de aislamiento del mundo, a medida que
los sentimientos y recuerdos de los personajes se van aclarando, la casa se va
llenado de luz.
Una tragedia llena de
realismo, de acidez, con unos dialogos y unos personajes alucinantes.
El final me parece
fantástico, Barbara deja a su madre sola, sin un mínimo de humanidad.
Agosto, me dejó un
buen sabor de boca, hacía mucho tiempo que no leía teatro, pero no me
importaría leer más si es de esta calidad.
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